El campo palentino se encuentra ante una encrucijada. La climatología, los costes de producción, los mercados internacionales y las nuevas exigencias medioambientales están obligando a los agricultores a cambiar su forma de trabajar, mientras la rentabilidad continúa siendo uno de los grandes problemas del sector. El Congreso del Cereal celebrado en Magaz de Pisuerga ha puesto el foco precisamente en esa cuestión: cómo conseguir que cultivar siga siendo una actividad viable en Palencia.
El encuentro organizado por Agropal ha reunido a expertos, agricultores y representantes de las administraciones para analizar el futuro de un sector que tiene un peso especialmente relevante en la economía provincial. Y entre las conclusiones aparece una idea común: el campo necesita modernizarse, pero esa transformación tiene que traducirse en rentabilidad para quien trabaja la tierra.
Una campaña que vuelve a demostrar la fragilidad del cereal
La realidad de esta campaña sirve como ejemplo de las dificultades que atraviesan las explotaciones palentinas.
La sequía primaveral ha provocado una reducción de los rendimientos del cereal respecto al año pasado, con cosechas que en la provincia se han situado alrededor de un 40% por debajo de las de 2025.
A esta situación se suma la incertidumbre habitual de unos mercados condicionados por factores que quedan muy lejos de las explotaciones. Los precios del trigo y la cebada han experimentado recientemente una evolución positiva, mientras el coste de algunos fertilizantes se ha moderado, pero las tensiones geopolíticas y la evolución de la energía siguen introduciendo una importante dosis de incertidumbre.
Para el agricultor, el problema es que buena parte de estos factores resultan imposibles de controlar.
El agricultor sigue siendo el eslabón más débil
Uno de los debates centrales del congreso ha girado alrededor de la cadena alimentaria y el reparto del valor.
El productor afronta los costes de maquinaria, combustible, fertilizantes, semillas y tratamientos, además del riesgo derivado de la climatología. Sin embargo, su capacidad para determinar el precio final de aquello que produce continúa siendo limitada.
Durante el encuentro se puso de manifiesto la enorme transformación experimentada por el gasto de los hogares en alimentación: si en los años sesenta las familias destinaban aproximadamente la mitad de su presupuesto a comer, actualmente esa proporción se sitúa en torno al 16%.
La cuestión que queda sobre la mesa es cómo conseguir que el agricultor pueda obtener una remuneración suficiente para mantener su explotación y afrontar las inversiones que exige la modernización del campo.
Tecnología para gastar menos y producir mejor
Una de las respuestas planteadas en Magaz pasa por llevar la digitalización directamente a las explotaciones.
La agricultura de precisión permite ajustar las aplicaciones de fertilizantes y otros insumos a las necesidades reales de cada parcela. Herramientas como SATIVUM permiten trabajar en esa línea, mientras que los nuevos sistemas de control de plagas y los productos biorracionales abren otras posibilidades para reducir el uso de determinados tratamientos.
No se trata únicamente de incorporar tecnología por modernizarse. El objetivo es que cada euro invertido tenga un retorno para el agricultor.
La mejora genética y el uso de semilla certificada constituyen otra de las vías para incrementar los rendimientos y conseguir cultivos mejor adaptados a las condiciones de cada territorio.
El futuro del cereal también pasa por transformar el producto en Palencia
Producir más no es la única solución. Otra de las claves está en conseguir que una mayor parte del valor generado por el cereal se quede en la provincia.
Palencia cuenta con una importante industria agroalimentaria y con más de 250 empresas relacionadas con este sector. El desarrollo de nuevas iniciativas de transformación puede permitir que el territorio no se limite a producir materias primas, sino que participe también en las fases posteriores de elaboración.
Un ejemplo es Naturavena, un proyecto que apuesta por transformar producciones agrícolas para responder a las necesidades específicas de la industria.
La estrategia pasa así por conectar campo e industria, una relación que puede abrir nuevas oportunidades económicas para los agricultores y para los municipios rurales.
Magaz de Pisuerga, un ejemplo de esa conexión entre campo e industria
Y precisamente Magaz de Pisuerga, sede del Congreso del Cereal, se encuentra en el centro de esa apuesta.
Agropal ha adquirido cerca de 39.000 metros cuadrados en el polígono industrial de la localidad, con una inversión de unos cinco millones de euros para ampliar sus instalaciones y su capacidad de almacenamiento y elaboración de cereal.
La importancia de este tipo de operaciones va más allá de la propia actividad empresarial. En una provincia marcada por el reto demográfico, la llegada de inversiones industriales al medio rural puede traducirse en empleo, actividad económica y nuevas oportunidades para los municipios.
El cereal deja así de ser únicamente una actividad vinculada a las parcelas para convertirse también en una oportunidad de desarrollo industrial y económico para el territorio.
Sostenibilidad sí, pero también rentabilidad
Otro de los grandes retos es conseguir que las nuevas exigencias ambientales sean compatibles con la realidad económica de las explotaciones.
La agricultura regenerativa, la mejora de la salud del suelo y la incorporación de cultivos como las legumbres forman parte de las alternativas planteadas para avanzar hacia modelos de producción más sostenibles.
El problema aparece cuando esas exigencias implican mayores costes o inversiones que una explotación no puede asumir.
Por eso, una de las ideas que ha quedado patente durante el congreso es la necesidad de buscar un equilibrio entre competitividad y sostenibilidad. La transición del campo hacia modelos más respetuosos con el medio ambiente necesita también garantizar que los agricultores puedan seguir viviendo de su actividad.
Palencia se juega mucho con el futuro del campo
La dimensión del sector explica por qué este debate tiene una importancia especial en Palencia. La actividad agraria y agroalimentaria representa alrededor del 19% del PIB provincial, con un peso destacado de los cereales, pero también de sectores como el vacuno y el ovino de leche.
La investigación y la innovación tienen además un papel creciente, con organismos y centros como la PCiTA y el ITACyL trabajando en nuevas soluciones para el sector.
A ello se suma el apoyo de las administraciones. La Diputación ha destinado más de cuatro millones de euros a la mejora de caminos rurales y al apoyo a las juntas agropecuarias, mientras que la Junta ha anunciado medidas de liquidez para el sector y el adelanto de fondos de la PAC.
Son herramientas que buscan aliviar la situación de unas explotaciones que necesitan capacidad financiera para afrontar una transformación cada vez más necesaria.
El reto que queda después del congreso
El Congreso del Cereal de Magaz termina, pero los problemas que se han abordado continúan sobre el terreno.
Para los agricultores palentinos, el futuro no pasa únicamente por producir más cereal. Pasa por reducir costes, mejorar los rendimientos, conseguir una mayor participación en el valor final del producto y aprovechar la capacidad industrial de la provincia.
Y también por conseguir que la tecnología y las nuevas exigencias medioambientales sean compatibles con algo tan básico como que las cuentas salgan.
Porque detrás de cada hectárea de cereal hay una explotación, una familia y, en muchos casos, un pueblo que depende de que esa actividad siga siendo viable. En una provincia como Palencia, el futuro del campo es también, en buena medida, el futuro de buena parte de su medio rural.
