José Antonio Rubio Mielgo: «Es mucho más agradecida la medicina que la política»

Rubio Mielgo, durante la entrevista, en su despacho de la Delegación Territorial de la Junta en Palencia
Laura Burón
Laura Burón
Periodista palentina con más de 20 años de experiencia. Revisa cada pieza, decide qué se publica y protagoniza los vídeos. La confianza del lector no la...

Médico de vocación, concejal, diputado provincial, senador durante cuatro legislaturas y, desde 2019, delegado territorial de la Junta de Castilla y León en Palencia. José Antonio Rubio Mielgo repasa una trayectoria de 45 años que empezó en los consultorios de la Montaña Palentina y el Cerrato. Recuerda el realojo de las familias de La Campanera, admite que el nuevo hospital es su «espina clavada» y confiesa que muchas veces se ha preguntado por qué no se quedó en su consulta. Su próximo objetivo, dice, es jubilarse y disfrutar de su familia.

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¿Cómo fue su infancia en Palencia?

Nací aquí, en Palencia, y viví con mis padres mis primeros años en la calle Obispo Lozano, enfrente del Seminario, porque mis padres tenían una tienda en esa misma calle. De allí nos fuimos a vivir a Corea, a la plaza de Francisco Franco, y después ya nos vinimos al centro, a la calle Lope de Vega.

Así que fui al colegio Francisco Franco, para después pasar a La Salle, en lo que por aquel entonces se llamaba Ingreso. Acabé COU y ya después ingresé en la Facultad de Medicina.

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José Antonio Rubio Mielgo nació en Palencia en 1957 y pasó sus primeros años viviendo en la calle Obispo Fonseca.

¿De dónde le vino la vocación por la medicina? ¿Había alguien en su familia que fuera médico?

No, no, no había ningún médico en mi familia. Ahora tengo un sobrino y una hija médicos, pero el primero fui yo.

Siempre me atrajo la medicina, una vocación, además, desde joven. Se conoce que no valía para el fútbol, que era lo que les gustaba a los chicos de mi época (risas), y decidí estudiar Medicina. Era algo totalmente vocacional.

Casi nada más acabar la carrera, ya optó por la gestión, puesto que hizo un Máster en Salud Pública y Administración Sanitaria…

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El actual delegado de la Junta aprobó las oposiciones de Medicina en 1981.

Hice Medicina, me especialicé en Salud Pública y luego hice el máster en Dirección y Gestión Hospitalaria. Era una formación dirigida a la gestión, pero mi primer puesto de trabajo fue en la zona de Cervera de Pisuerga. Después me trasladé al área de Aguilar de Campoo y luego estuve trabajando en el hospital Río Carrión.

Estuve trabajando también en diferentes pueblos, como Perales, Fuentes de Nava, Ampudia… Hasta que aprobé las oposiciones nacionales en 1981, las antiguas de Asistencia Pública Domiciliaria (APD), las últimas que hubo en toda España. Y ya fui a la Zona Básica de Salud de Venta de Baños, en concreto a Hontoria de Cerrato y Tariego.

¿Cuántos años estuvo ejerciendo?

Uf, ya no me acuerdo. Un montón de años. Empecé en el 81 y calculo que ejercería como médico unos 14 o 15 años, o quizá alguno menos. Después me fui a Valladolid, a llevar la reestructuración de la atención primaria, cuando se hicieron las transferencias a las comunidades. De la atención primaria en Valladolid volví a ejercer y compatibilicé el ejercicio de la medicina con mi puesto como concejal en el Ayuntamiento de Palencia. Después fui concejal y diputado provincial pasando consulta también, es decir, que compatibilizaba ambas cosas, hasta que me fui al Senado en marzo de 2008.

¿Y cómo le dio por meterse en política, siendo ya un hombre ocupado de por sí?

Rubio Mielgo llegó al Ayuntamiento de Palencia como concejal en 1995.

Empecé a trabajar en la consulta y al final me pidieron que llevase temas de gestión sanitaria, con la reestructuración y la reforma de la atención primaria. Entonces no había centros de salud ni nada de eso. Empecé en ese tema y de allí me pidieron que viniese al Ayuntamiento de Palencia. Nunca quise dejar la medicina; por eso compatibilizaba el Ayuntamiento con la medicina durante los primeros años. Y una cosa llevó a la otra: después estuve en la Diputación, también compaginándolo con la consulta, y ya tuve que dejarlo cuando accedí al Senado.

Había que elegir. Era totalmente imposible ejercer la medicina y trabajar en el Senado, y en el Senado estuve cuatro legislaturas.

 

¿Alguna vez se arrepintió de haber dejado la medicina por la política?

A veces sí. De hecho, del Senado volví a la medicina, hasta que vine a la Delegación Territorial de la Junta. La verdad es que tanto la medicina como la política tienen su parte de servicio público. A mí siempre me ha gustado, desde que tenía la vocación de médico, el trato con las personas, con la gente, e intentar resolver sus problemas. Y la política también trata un poco de eso. Tienen coincidencias, pero es mucho más agradecida la medicina que la política.

La política sí te da satisfacción, sobre todo la municipal, que es más gratificante porque las cosas que haces las ves. En otras instituciones se hacen cosas a lo mejor más importantes, pero no son de inmediato: puedes planificar proyectos, pero pueden ver la luz dentro de dos, tres o cinco años. Cuando eres concejal lo ves de inmediato, y cuando pasas consulta, ves al paciente mejorar. Y la verdad es que la gente, en todos mis puestos de trabajo en la medicina, siempre ha sido muy agradecida, muy cariñosa. Es una profesión muy satisfactoria.

En política se estrenó como concejal. ¿Cómo recuerda aquellos años?

Fueron unos años muy bonitos. Yo llevaba el área de Bienestar Social y el área de Participación Ciudadana. Fue una época, con el alcalde Marcelo de Manuel, en la que Palencia avanzó mucho. Hicimos un magnífico trabajo. Tuvimos problemas en el área social: me acuerdo del edificio de La Campanera, en el barrio del Ave María, que se quemó. Tuvimos que realojar a las familias gitanas, y eso, al final, dio sus frutos con la desaparición de los asentamientos de La Campanera, La Laguna de la Salsa y, posteriormente, de Carrechiquilla. Es una de las cosas de las que más satisfecho me siento.

Hubo dificultades porque de repente hubo un incendio y hubo que realojar familias. Tuvimos muchísimos problemas: en aquel tiempo realojamos incluso en una parcela al lado del cementerio porque, ya sabes, nadie quería tenerlos cerca. Gracias a la Junta, que nos proporcionó unas viviendas prefabricadas, pudimos reubicar a algunas familias, y después pusimos en marcha una iniciativa para facilitar que las familias comprasen casas. Hubo familias que compraron casas y la integración fue perfecta. A partir de ahí se desarrolló un plan que continuó con otras corporaciones y que permitió la total desaparición de esos asentamientos.

En aquella época también se pusieron bases importantes: se rediseñó el modelo de ciudad. Se empezaron a poner muchas esculturas. Me acuerdo, de mi área, de La Castañera, que hicimos gracias a la ONCE. Pusimos en marcha la comunicación con la margen del río a través del puente de Nicolás Castellanos… Fue de las corporaciones que más avances hizo en la ciudad, y eso que la situación económica no era la mejor.

Pero nos quedó una asignatura pendiente. Fuimos a Valladolid, a Madrid, y conseguimos la subvención para hacer el Palacio de Congresos de La Tejera, con una maqueta y un proyecto que nos hizo Peridis. Y es un proyecto envenenado, porque ahora me lo he encontrado aquí, en la Junta, después de casi 30 años. Es algo que sigue pendiente. Recuerdo una fotografía de Juan José Lucas, Marcelo de Manuel y yo con la maqueta del que iba a ser el Palacio de Exposiciones y Congresos. Y ahora me lo encuentro aquí, al llegar a la Delegación de la Junta, con el convenio, para ver si se acaba de una vez. Es una obra eternizada.

Rubio Mielgo, Juan José Lucas y Marcelo de Manuel ante la maqueta del Palacio de Congresos de La Tejera.

¿Tiene también recuerdos bonitos de su etapa en la Diputación?

Fue otra época muy bonita. Pusimos en marcha la marca de calidad Alimentos de Palencia y los planes de excelencia turística de la Montaña Palentina y del Canal de Castilla. Fue un momento interesante para hacer diferentes actuaciones y empezar la promoción intensa de la provincia, que continúa hasta ahora. Creo que se sigue haciendo una promoción muy buena de Palencia.

¿Y en el Senado?

En el Senado tuve la suerte de presidir la Comisión de la Agenda 2030 y de ser vicepresidente de la Comisión de Cooperación al Desarrollo. Eso me permitió conocer de cerca la realidad de países como Etiopía o Kenia, con situaciones muy complicadas. Fue una gran experiencia participar en encuentros y reuniones internacionales sobre la Agenda 2030 o la ayuda al desarrollo. Te enriquece mucho poder acercarte a los problemas no solo de España, sino a nivel internacional.

De todos estos cargos, concejal, diputado provincial, senador y ahora delegado de la Junta, ¿cuál ha sido el más gratificante, el que más alegrías le ha dado?

Alegrías, pocas. En el mundo político te llevas pocas alegrías. Pero a veces son satisfacciones internas, más que alegrías. Cada trabajo tiene su parte interesante. El Ayuntamiento es muy agradable porque es un contacto muy directo con los ciudadanos; la Diputación, también. El Senado quizás es más distante, no es tan cercano. Yo llevaba áreas como sanidad, servicios sociales y también energía, pero fundamentalmente sanidad, servicios sociales y cooperación al desarrollo, y ahí el área sí era más cercana. Creo que el Senado es una institución más lejana para el ciudadano.

José Antonio Rubio Mielgo fue diputado provincial entre 2004 y 2007. En la imagen, junto a Enrique Martín y Alfonso Fernández Mañueco.

¿Y ahora, como delegado de la Junta?

La Junta es tremendamente interesante, yo creo que apasionante. Creo que es el puesto más complicado y más duro, porque al final son muchas consejerías, muchos servicios territoriales, de áreas que van desde medio ambiente a educación, sanidad, servicios sociales o minas. Te obliga a tener un conocimiento que intentas que sea lo más amplio posible, pero es imposible saber de todo.

Necesitas un trabajo en equipo muy importante con la gente que tienes alrededor, que son los que al final desarrollan su labor, y hay que agradecerles siempre el trabajo que desempeñan. Y es gratificante porque estás siempre en contacto con alcaldes, fundamentalmente, pero también con el sector económico, y puedes planificar cosas para el futuro de la provincia.

Me hablaba antes de que le quedó pendiente La Tejera, que ahora vuelve a estar presente. ¿Hay algún proyecto en cualquiera de estos ámbitos que le hubiera hecho especial ilusión sacar adelante y al final no pudo ser?

Cuando gobernamos en el Ayuntamiento de Palencia con Marcelo de Manuel teníamos proyectos de futuro para la ciudad que se quedaron a medias, porque solo estuvimos una legislatura.

Habíamos preparado infraestructuras como el puente de Nicolás Castellanos o el campo de golf, que era otro de los objetivos para el desarrollo de una ciudad tremendamente agradable para vivir. No creo que haya muchas ciudades en el mundo que tengan un campo de golf dentro del casco urbano. Y después se ha visto que alrededor de aquello ha nacido una zona, el paseo de La Julia, con un tipo de vivienda en la que la gente se puede encontrar a gusto.

En la Diputación, lo que teníamos planificado como objetivo era la promoción de la provincia, y conseguimos logros importantes como Alimentos de Palencia. Quizás sí echo de menos haber conseguido que la iniciativa privada construyese más plazas hoteleras en la provincia, porque seguimos teniendo escasez. Ya sabes: la gente no pernocta porque no hay plazas, y no hay plazas porque la gente no pernocta. Es la pescadilla que se muerde la cola. Pero se van dando pasos importantes.

Y aquí, en la Junta, tengo una espina clavada, que es el hospital.

Ese es otro proyecto que ahora mismo parece eterno.

Hemos conseguido acabar la Unidad de Radioterapia. Vamos dando pasos, pero quiero decir que ya tenía que estar finiquitado. Lo mismo que hemos acabado la construcción de la radioterapia, el hospital tendría que estar prácticamente acabado ya. Ha sufrido un retraso, y es una espina que vamos a intentar solucionar lo antes posible.

Con toda esta trayectoria, pocos responsables políticos tendrán un conocimiento tan amplio de la provincia palentina y de su evolución.

Normalmente recorro la provincia de Palencia de arriba abajo todos los meses; todas las semanas subimos al norte, bajamos… No puedo calcular los kilómetros que puedo hacer al cabo del año.

¿Cómo ha cambiado la provincia palentina en todos estos años?

Ha cambiado en algunas cosas muy positivas, como el desarrollo industrial, que es muy importante en algunas zonas. En el norte de la provincia, por ejemplo, en Aguilar, en aquella época estaban Fontaneda y Gullón, pero no eran empresas del volumen que tienen ahora, y había también una fábrica de componentes de automóvil.

Algunos municipios han evolucionado, se han desarrollado, tienen mejores servicios, más dotaciones. Pero también es verdad que a veces se percibe una pérdida de encanto, porque algunos municipios han ido perdiendo población, y ese encanto que tenían antes, sobre todo los pueblos pequeños, se ha ido perdiendo. Y ahora lo que hay que intentar es un desarrollo integral de la provincia.

Después de todos estos años, ¿en algún momento se planteó dejar la política?

Muchas, muchas veces. A veces tienes malos días y piensas: «¿Por qué no me quedé yo con mi consulta? ¿Por qué me he metido en esto?». Pero al final te embarcas en proyectos que son muy bonitos: intentar que tu provincia crezca, que la gente tenga un futuro mejor, que veas posibilidades de progresar, que la gente participe y contribuya al desarrollo, que tenga oportunidades para poder quedarse a vivir en Palencia. Es gratificante.

Hay gente a la que nos gusta la labor de servicio público. Puedes trabajar en el servicio público viendo pacientes y solucionando el problema de salud de una persona, o intentando arreglar los problemas de un pequeño pueblo al que le falta el agua, buscando soluciones. Ha habido épocas durísimas, pero solo piensas en seguir adelante.

¿Cuáles son las que más le han marcado?

El covid fue complicadísimo. También hemos vivido épocas de incendios y otras situaciones muy difíciles, como inundaciones… Hemos tenido de todo. Pero como lo importante es solucionar, buscar las mejores soluciones posibles, no te da tiempo ni a pensarlo. Cuando estás tan involucrado en ese día a día, estás a arreglarlo. Es a posteriori cuando dices: «Madre mía, todo lo que hemos hecho, lo que hemos vivido aquí y lo duro que ha sido». Pero cuando estás en ello, haces lo que tienes que hacer.

Y con tanto trabajo, ¿tiene tiempo para cuidarse, para relajarse?

En la Delegación no tienes tiempo ninguno, pero lo bueno de la Delegación es que, como recorres la provincia de arriba abajo, de este a oeste, de norte a sur, también disfrutas de ella. Hay días que te toca despacho, problemas y conflictos, pero hay días que te toca ir a la Feria del Caballo de San Salvador de Cantamuda, y es una maravilla. O vas a un pueblo de la zona del Cerrato, a una romería, por ejemplo a Baltanás, o a Ampudia, y lo disfrutas. Este trabajo también tiene sus cosas positivas.

Cuidarte, poco, porque no tienes vacaciones ni fines de semana. De vacaciones, al final, disfrutas siete u ocho días, y prácticamente todos los fines de semana hay actividades. Pero es lo que hay; es voluntario, aquí no te ponen la pistola en la cabeza.

Sería bueno tener más tiempo libre, pero hay situaciones que te lo permiten y otras que no. En el Senado sí tenías mucho más tiempo libre, más tranquilidad. El Ayuntamiento te exige mucha dedicación, porque tienes que estar con el vecino, y la Diputación lo mismo. Y la Junta, por lo que te digo: en el Ayuntamiento son 25 concejales, de los cuales 13 son del equipo de gobierno, y se reparten el trabajo; en la Diputación son 25 diputados y pasa igual. Pero en la Junta solo hay un delegado, que se encarga de todos los departamentos. Al final es más complicado.

José Antonio Rubio Mielgo llegó a la delegación de la Junta en 2019.

Y si tuviera más tiempo libre, ¿a qué le gustaría dedicarlo?

En el poco tiempo libre que tengo, me gusta leer, sobre todo el fin de semana, porque los demás días, después de leer aquí tanto papeleo, no te apetece. Me gusta la pesca, me encanta ir a pescar cangrejos. Quizá solo puedo ir tres veces al año, pero me lo paso fenomenal.

Y salir a pasear, que es algo que hago todos los días, no lo perdono. Recorro el Canal de Castilla, de Villamuriel hasta Soto Albúrez y vuelta, todos los días, más o menos. Y después cuido un poco el jardín de casa, que es un trabajo que te distrae, que te saca del pensamiento de todo lo que hay aquí.

¿Ha pensado en el futuro? ¿Se jubilará algún día?

Espero jubilarme (risas) y poder disfrutar de más tiempo libre. Llevo ya 45 años y creo que mi puesto en la Delegación de la Junta en Palencia será el último. Creo que ya toca, y quiero disfrutar de mis nietos y de mi hija, que encima viven en Jerez de la Frontera, y no puede ser eso de decir «voy a ver a mi nieto». Voy muy pocas veces al año, aprovechando algún fin de semana libre, que ya digo que tengo pocos. Son 191 municipios, todos tienen actividades, y los pequeños municipios las hacen normalmente los fines de semana, que es cuando más gente vuelve al pueblo.

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Periodista palentina con más de 20 años de experiencia. Revisa cada pieza, decide qué se publica y protagoniza los vídeos. La confianza del lector no la pone la tecnología, la pone una persona con nombre y trayectoria.