Mañueco revalidará la Presidencia de Castilla y León con el apoyo de Vox y la polémica «prioridad nacional»

Fuente: ABC
Laura Burón
Laura Burón
Periodista palentina con más de 20 años de experiencia. Revisa cada pieza, decide qué se publica y protagoniza los vídeos. La confianza del lector no la...

Alfonso Fernández Mañueco ha sido reelegido presidente de la Junta de Castilla y León tras un pleno de investidura marcado por la consolidación de su alianza con Vox y la irrupción, ya formalizada en el programa de gobierno, del controvertido principio de la llamada «prioridad nacional». Con esta votación, el dirigente del PP encadena su tercer mandato consecutivo al frente del Ejecutivo autonómico y se reafirma como uno de los barones más asentados del partido en el territorio.

La sesión en las Cortes castellanas y leonesas ha servido también para escenificar las nuevas coordenadas políticas de la comunidad: un gobierno de coalición entre PP y Vox que presume de mayoría amplia, frente a una oposición encabezada por el PSOE que denuncia que el pacto supone asumir el discurso de la extrema derecha, especialmente en materia migratoria, vivienda e igualdad.

Un tercer mandato con la mayoría más holgada

La investidura de Mañueco ha salido adelante con 47 votos a favor y 35 en contra. Han respaldado al candidato los 33 procuradores del Partido Popular y los 14 de Vox, mientras que se han posicionado en contra los 30 parlamentarios del PSOE, los tres de la Unión del Pueblo Leonés, el representante de Por Ávila y el de Soria ¡Ya!. Esta correlación de fuerzas le otorga la mayoría más cómoda de sus tres etapas al frente de la Junta.

El dirigente popular, procurador en las Cortes desde 2003, llegó por primera vez a la Presidencia en 2019 gracias a un acuerdo de coalición con Ciudadanos, que entonces le permitió sumar 41 apoyos. En 2022 revalidó el cargo ya de la mano de Vox, que aportó 13 votos hasta alcanzar 44 síes. Ahora, con 14 procuradores de la formación de Santiago Abascal y un PP reforzado, el bloque de derechas amplía su fuerza en la Cámara autonómica.

El resultado no ha sorprendido a nadie: la arquitectura parlamentaria estaba definida desde las últimas elecciones autonómicas del 15 de marzo, en las que el PP se impuso con 30 procuradores y Vox se consolidó como tercera fuerza con 14 escaños. Tras dos meses y medio de negociación discreta, ambos partidos han sellado un pacto de gobernabilidad que suma 47 parlamentarios, cinco por encima del listón de la mayoría absoluta, y que sirve de marco para este tercer mandato.

Un acuerdo PP-Vox de 324 medidas y gobierno de coalición

El entendimiento entre PP y Vox no se ha limitado a asegurar la investidura. Las dos formaciones han cerrado un acuerdo de gobierno con 324 medidas, 19 ejes y más de 60 páginas que da forma a un nuevo Ejecutivo de coalición en Castilla y León. Es el segundo gran pacto entre ambos en esta comunidad, después del que se alcanzó en 2022, y continúa la línea de los gobiernos compartidos que ya han conformado en otras autonomías como Extremadura y Aragón.

El camino hasta este pacto no ha sido sencillo. La experiencia previa del primer gobierno conjunto PP-Vox, que se prolongó desde abril de 2022 hasta julio de 2024, quedó marcada por tensiones, especialmente en torno a la acogida de menores extranjeros no acompañados. Aquella ruptura, decidida por la dirección nacional de Vox, se ha dejado notar en las negociaciones recientes, con un partido más exigente a la hora de fijar plazos y mecanismos de control sobre el cumplimiento de lo acordado.

En esta ocasión, Vox ha insistido en establecer calendarios concretos para cada compromiso, mientras que el PP ha obtenido de su socio la garantía de apoyar los cuatro presupuestos autonómicos de la legislatura, siempre que se complete el ciclo institucional. Este compromiso presupuestario es una de las claves de la estabilidad política que Mañueco ha defendido en la tribuna, presentando el pacto como un instrumento para dar previsibilidad a la comunidad en un contexto de incertidumbre económica y de tensiones con el Gobierno central.

El reparto de poder institucional también se ha reordenado. En la anterior legislatura, los populares aceptaron que Vox presidiera las Cortes, cargo que recayó en Carlos Pollán. Ahora, el PP ha recuperado la Presidencia de la Cámara para Francisco Vázquez, mientras que Vox se consolida en el Ejecutivo autonómico, con presencia al máximo nivel y una consejería propia dedicada, entre otros ámbitos, a la desregulación económica.

Una investidura preparada al milímetro

La reelección de Mañueco se ha construido durante semanas. Tras las elecciones de marzo, el presidente en funciones abrió una ronda de contactos con el resto de grupos que, en la práctica, solo cuajó en un acercamiento sostenido con Vox. Las conversaciones se han desarrollado de forma discreta, con pocos detalles públicos, mientras ambos partidos cerraban antes acuerdos similares en Extremadura y Aragón.

El primer ensayo de la nueva mayoría se produjo en la conformación de la Mesa de las Cortes, hace algo más de un mes, cuando PP y Vox pactaron el reparto de los puestos: dos para cada socio, con la Presidencia para el popular Francisco Vázquez, que el partido no ostentaba desde 2019. Aquel voto conjunto anticipaba el apoyo de Vox en la investidura y servía para medir la cohesión de la futura alianza.

El propio Vázquez propuso formalmente a Mañueco como candidato a la Presidencia en la fecha límite prevista por el Reglamento de la Cámara, tras la pertinente ronda de consultas con los grupos parlamentarios. Entonces todavía no se había cerrado el pacto programático, por lo que la sesión de investidura quedó sin fecha a la espera de que PP y Vox remataran los detalles del acuerdo de gobierno.

La maquinaria institucional se activó en cuanto se anunció el pacto: la Mesa de las Cortes se reunió para señalar el día y la hora del pleno de investidura, así como los turnos de intervención y tiempos de cada grupo. El formato ha seguido el guion de las últimas legislaturas: intervención sin límite de Mañueco a mediodía, pausa y, ya por la tarde, respuestas de la oposición y votación final por llamamiento público, con los procuradores respondiendo «sí», «no» o «abstención».

Un discurso centrado en moderación y estabilidad

Mañueco ha arrancado su intervención ante el hemiciclo reafirmando su vínculo con la comunidad y presentándose como un dirigente volcado en Castilla y León. «Castilla y León es lo primero», ha dicho, para subrayar que las aspiraciones de los ciudadanos son su propia hoja de ruta. Ha insistido en que gobernará para todos, independientemente del sentido de su voto, y ha reivindicado una forma de ejercer la política basada en la moderación y el diálogo.

En varios pasajes de su discurso, el líder popular ha marcado distancias con los extremos, defendiendo una política «lejos de extremismos» que se impone, según él, desde la seriedad, la confianza y los resultados. Ha contrapuesto esta visión al Gobierno central, al que ha acusado de falta de ejemplaridad ética y de priorizar la confrontación sobre los acuerdos, sin citar a sus responsables por nombre pero deslizando críticas directas a la gestión del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

El candidato ha descrito el momento actual como «una nueva etapa» que exige un «nuevo modelo de gobierno». Según su planteamiento, el pacto con Vox responde tanto a la aritmética parlamentaria como a la necesidad de garantizar estabilidad y de aprovechar lo que considera una etapa de crecimiento económico, creación de empleo y refuerzo de servicios públicos vivida en los últimos años, pese a las dificultades derivadas de la pandemia y de la coyuntura internacional.

La «prioridad nacional», eje del pacto y foco de la polémica

El punto más delicado de la investidura ha sido, sin duda, la introducción en el acuerdo de gobierno del principio de «prioridad nacional», una de las exigencias centrales de Vox en todas las negociaciones autonómicas donde participa. Mañueco ha asumido este concepto, si bien ha intentado rebajar su carga ideológica y presentarlo como un criterio técnico de reparto de recursos.

Durante su intervención, el presidente ha explicado que, inspirados en esta idea, se comprometen a «establecer una asignación justa de los recursos públicos en función del arraigo real y verificable» de los beneficiarios con la comunidad. En la práctica, esto se traducirá en exigir «vinculación legal, efectiva y estable» con Castilla y León para acceder a determinadas ayudas, subvenciones o vivienda pública, algo que, según ha argumentado, ya aplican administraciones de distinto signo político en otros territorios españoles.

Consciente de la polémica que acompaña a este término, el líder del PP ha reclamado «prescindir de las demagogias interesadas» y ha pedido que «nadie busque confundir ni se rasgue las vestiduras». Ha subrayado que la llamada prioridad nacional no implicará recortes ni retrocesos en los derechos consolidados en Castilla y León y que se aplicará siempre con pleno respeto a la Constitución, al Estatuto de Autonomía y al resto del ordenamiento jurídico.

Mañueco ha querido marcar una línea roja: esta preferencia no se trasladará a «los servicios públicos esenciales» como la sanidad, ámbito en el que Vox había intentado extender el concepto. El presidente se ha comprometido a que la cobertura sanitaria y otros servicios nucleares no queden condicionados por criterios de arraigo, intentando equilibrar así las demandas de su socio con los límites legales y las críticas sociales.

Inmigración: entre la «fuente de progreso» y el relato de Vox

En paralelo a la defensa de la prioridad nacional, Mañueco ha querido dejar claro su respaldo a la inmigración «legal y ordenada», a la que ha calificado de fuente de progreso para la comunidad. Ha recordado que, desde el inicio de la pasada legislatura, Castilla y León ha ganado alrededor de 47.000 habitantes, una parte importante de ellos de origen extranjero, lo que contribuye a compensar los saldos vegetativos negativos en una región envejecida y con amplias zonas amenazadas por la despoblación.

El presidente ha insistido en que quienes lleguen a la comunidad con voluntad de trabajar, esforzarse y comprometerse con el territorio «siempre serán bien recibidos» y contarán con el apoyo de la Administración autonómica. Según su argumentación, lejos de ser un problema, la inmigración regulada puede ayudar a sostener el mercado laboral, la actividad económica y los servicios públicos en un contexto de declive demográfico.

Esta defensa matizada de la inmigración choca parcialmente con el discurso de Vox, que ha convertido la gestión migratoria en uno de sus principales caballos de batalla. La propia ruptura anterior del gobierno de coalición se produjo precisamente por discrepancias con la política de acogida de menores extranjeros no acompañados. Aun así, el nuevo pacto recoge las posiciones de la formación de Santiago Abascal en materia de priorización de recursos, lo que garantiza que el debate seguirá muy vivo durante la legislatura.

La respuesta de Vox: reivindicación y presión

El líder de Vox en Castilla y León, Carlos Pollán, ha aprovechado la sesión para defender el acuerdo y dejar claro el peso negociador de su formación. En su intervención, ha agradecido a Mañueco «haber sido respetuoso con el mandato de las urnas» y ha comparado la situación de Castilla y León con la de otras comunidades, en una alusión explícita a Andalucía, donde el PP aspira a gobernar en solitario sin entrar en coalición formal con Vox.

Pollán ha confirmado que su partido asume uno de los requisitos clave del PP: un compromiso para aprobar los presupuestos autonómicos de los cuatro años de legislatura. A cambio, ha subrayado los logros obtenidos en la negociación, con especial énfasis en las concesiones en materia migratoria y en el diseño de la prioridad nacional. Ha retado a los críticos con esta medida a explicar a los castellanos y leoneses por qué, a su juicio, deberían ser «los últimos en la cola» para acceder a ayudas sociales y vivienda.

Lejos de replegarse ante la polémica, Vox ha restado importancia a las críticas y ha asegurado que no siente preocupación alguna por el ruido político que acompañe a la aplicación de este principio. La formación se presenta como garante de un supuesto trato preferente a los «compatriotas» frente a los inmigrantes, un relato que choca de frente con la visión de la oposición y con los avisos lanzados desde sectores sociales y jurídicos sobre la necesidad de respetar el marco constitucional y europeo.

El PSOE y la oposición cargan contra el pacto con Vox

En el otro lado del hemiciclo, la oposición ha centrado sus críticas en la presencia de Vox en el gobierno y en la asunción de su agenda. El nuevo portavoz socialista, Carlos Martínez, se ha estrenado en el cargo acusando a Mañueco de pronunciar un discurso que «intenta disimular» a Vox mientras, en realidad, se limita a dar lectura pública a un pacto diseñado, en buena medida, en las sedes nacionales de ambos partidos.

Martínez ha reprochado al presidente la firma de un acuerdo con quienes, según ha denunciado, «convierten la inmigración en problema» y ha mostrado su frontal rechazo a la prioridad nacional, argumentando que «la igualdad de derechos no admite apellidos». Para el PSOE, el nuevo marco rompe el principio de universalidad en el acceso a las ayudas y abre la puerta a discriminaciones veladas en función del origen o del tiempo de residencia.

El portavoz socialista ha censurado también que Mañueco no haya dedicado «ni un solo minuto» de su exposición a hablar de violencia machista, algo que en su opinión se relaciona directamente con la influencia de Vox en el diseño del nuevo organigrama. En este sentido, ha criticado con dureza la eliminación de las consejerías específicas de Igualdad y de Vivienda, cuyas competencias pasarán a integrarse bajo una vicepresidencia controlada por los populares, perdiendo el rango de consejería independiente que tuvieron en la legislatura anterior.

Los grupos minoritarios —UPL, Soria ¡Ya! y Por Ávila— han manifestado también su desacuerdo con el rumbo político que marca el pacto PP-Vox, aunque con matices distintos según su implantación territorial. Han cuestionado tanto el énfasis en la prioridad nacional como la suficiencia de las medidas contra la despoblación o el reparto de inversiones, y han advertido de que seguirán vigilando el cumplimiento de las promesas concretas para cada provincia y comarca.

Un contexto de tres investiduras y coaliciones cambiantes

La de ahora es la tercera investidura de Mañueco, cada una de ellas con un contexto político distinto. En 2019, el PP tuvo que forjar un acuerdo laborioso con un Ciudadanos en auge, después de que el PSOE ganara las elecciones pero no lograra sumar apoyos suficientes para formar gobierno. La entonces formación de Albert Rivera optó por priorizar pactos con los populares en el ámbito autonómico, cerrando el paso a una posible alianza con los socialistas.

En 2022, ya con Ciudadanos prácticamente desaparecido del mapa autonómico —apenas un escaño—, el PP recurrió a Vox para conservar la Presidencia de la Junta. Aquella negociación desembocó en el primer gobierno de coalición formal entre ambas formaciones en España, pero obligó a los populares a ceder la Presidencia de las Cortes a Carlos Pollán, algo que ahora no se ha repetido. El acuerdo de entonces, más genérico, dejó muchos flecos abiertos que generaron fricciones durante la legislatura.

La experiencia de esos dos mandatos ha pesado en la nueva negociación. El actual pacto recoge plazos de ejecución para buena parte de las medidas, una demanda insistente de Vox, y se presenta como una hoja de ruta mucho más detallada que la de 2022. A cambio, el PP ha logrado mantener un mayor control institucional y colocar a perfiles de su confianza en los principales puestos de la Cámara y del Gobierno autonómico.

Agenda económica: bajada de impuestos y dinamismo empresarial

En el terreno económico, Mañueco ha aprovechado su discurso de investidura para reivindicar que Castilla y León atraviesa una etapa de crecimiento, creación de empleo y refuerzo social, que, según su relato, se ha logrado en paralelo a una rebaja de la presión fiscal. Ese será, ha insistido, el punto de partida de la nueva legislatura, en la que piensa seguir reduciendo impuestos como instrumento para atraer inversión y consolidar tejido productivo.

Entre las medidas anunciadas destacan la reducción progresiva del primer tramo del IRPF autonómico, con rebajas de 0,25 puntos anuales para todos los contribuyentes, así como una nueva rebaja del Impuesto de Sucesiones y Donaciones para hermanos, tíos y sobrinos. Además, se impulsará la figura de los «impuestos cero» en el medio rural para operaciones de compra de vivienda, negocios, explotaciones agrarias y fincas rústicas a través del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales.

El programa económico se completa con la apuesta por estar «al lado de trabajadores, autónomos y empresarios». Se prevé la puesta en marcha de un «kit de autónomos» con ayudas para poner en marcha negocios, incentivos para mantener tiendas abiertas en el medio rural y medidas de apoyo a la consolidación de pequeñas empresas. Mañueco ha remarcado que quiere una administración más ligera en normas, pero más eficaz, que reduzca plazos y costes burocráticos.

En cuanto a la industria, el presidente ha anunciado el desarrollo de 2.600 hectáreas adicionales de suelo industrial en la comunidad, el impulso de planes territoriales como los de Benavente y Tierra de Campos, y de planes especiales como «La Raya» o el de Monte la Reina. El objetivo declarado es reforzar la capacidad de atracción de inversiones industriales y mejorar el abastecimiento energético para que las empresas puedan instalarse y crecer con garantías.

Vivienda, despoblación y políticas sociales

La vivienda y la lucha contra la despoblación se han situado también en el centro del debate de investidura. Pese a la desaparición de la consejería específica de Vivienda, el Gobierno se ha comprometido a incrementar un 80% la inversión en políticas de acceso a techo. Entre las medidas estrella figura la construcción de al menos 5.000 viviendas protegidas durante esta legislatura.

Para los más jóvenes, el plan incluye la creación de una «cuenta ahorro vivienda joven» que permitirá deducciones fiscales de hasta 7.500 euros, así como ayudas para acceder a hipotecas mediante líneas de avales y estímulos a los propietarios que pongan en alquiler viviendas desocupadas a precios asequibles. La idea es combinar incentivos a la oferta con facilidades a la demanda para facilitar la emancipación juvenil, uno de los grandes retos de la región.

En paralelo, Mañueco ha abogado por seguir reforzando los servicios sociales, con especial atención a las personas mayores, a las que ha definido como «prioridad» del sistema asistencial. Se contemplan medidas como la extensión de la teleasistencia avanzada gratuita, la creación de nuevas plazas públicas en residencias y el impulso de programas de envejecimiento activo para mantener la autonomía y la calidad de vida en las zonas urbanas y rurales.

Sector agrario, PAC y mundo rural

El campo ha vuelto a ocupar un lugar destacado en la agenda del nuevo gobierno. Mañueco ha subrayado que «quieren producir en igualdad» y ha mostrado su rechazo tanto al acuerdo comercial con Mercosur como a las propuestas de reducción del presupuesto de la Política Agraria Común (PAC) en el próximo marco financiero plurianual de la Unión Europea.

El presidente ha defendido que el reparto de los fondos europeos tenga en cuenta una nueva variable ligada a la despoblación, de forma que las zonas más afectadas reciban un tratamiento preferente. Entre las medidas concretas figura la bonificación de los seguros agrarios para jóvenes agricultores, la modernización y transformación de regadíos y la puesta en marcha de planes específicos para la ganadería extensiva y el sector ovino-caprino, muy presentes en la comunidad.

Infraestructuras, conectividad y lucha contra incendios

En materia de infraestructuras, el programa de Mañueco pone el foco en el transporte público, el agua y las telecomunicaciones. El ya presidente ha exigido que no se supriman paradas de autobús interurbano por carretera y ha asegurado que seguirá vigente el programa de transporte Buscyl, que facilita la movilidad en las zonas rurales. También ha reclamado al Estado la recuperación de las frecuencias de tren y servicios previos a la pandemia.

El jefe del Ejecutivo autonómico ha pedido al Gobierno central un compromiso claro con las infraestructuras hidráulicas, que considera esenciales para el desarrollo agrícola, industrial y urbano de Castilla y León. En paralelo, ha destacado la apuesta de la Junta por la conectividad digital, con la promesa de que el 100% de la población tenga acceso a banda ancha móvil de al menos 100 Mbps, así como la intención de impulsar proyectos de gran impacto en inteligencia artificial.

La lucha contra los incendios, especialmente sensibles tras los graves episodios registrados en veranos recientes en provincias como Zamora, también ha tenido espacio en la intervención. Mañueco ha asegurado que se seguirá reforzando el operativo de extinción más amplio de la historia regional, con más profesionales, mejor formación y más medios materiales. Además, ha prometido mejorar las condiciones laborales de las plantillas e integrar en el sector público a todo el personal posible, salvo el de medios muy especializados.

Sanidad, educación y servicios públicos esenciales

El presidente ha reivindicado que en los últimos años se ha producido «un gran impulso» en la sanidad de Castilla y León, aunque la oposición y las plataformas ciudadanas discrepan de esa valoración. Entre las prioridades anunciadas se encuentra la elaboración de un nuevo plan de infraestructuras y equipamiento tecnológico, el compromiso de garantizar acceso a consulta de Medicina de Familia en un máximo de 48 horas y el refuerzo del programa de fidelización de médicos internos residentes (MIR) para retener talento.

En el ámbito educativo, Mañueco ha defendido un sistema «orientado a la excelencia» y a la libertad de elección de centro, frente a lo que considera «adoctrinamiento ideológico» de las políticas del Gobierno central. Ha señalado como objetivo el refuerzo del profesorado en el medio rural y la consolidación de un modelo que combine resultados académicos con equidad territorial, en un contexto de descenso demográfico en muchas comarcas.

Respecto a la igualdad de género, el discurso ha sido menos concreto, algo que ha generado críticas por parte del PSOE y de colectivos feministas. El acuerdo de gobierno incluye referencias a programas que promuevan el ascenso profesional de las mujeres y apoyos a la primera contratación de jóvenes, pero la supresión de la consejería específica de Igualdad y la reticencia de Vox a reconocer la violencia machista como problema estructural añaden incertidumbre sobre el enfoque que se dará a estas políticas.

Patrimonio, medio ambiente y caza como atractivo turístico

Más allá de los grandes bloques económicos y sociales, el pacto PP-Vox contempla inversiones para conservar y restaurar el patrimonio cultural de Castilla y León, uno de los activos turísticos y de identidad más importantes de la comunidad. La Junta pretende seguir utilizando la riqueza monumental y natural como palanca para atraer visitantes y dinamizar el medio rural.

En esta línea, se reforzarán las acciones para promocionar la caza y la pesca como elementos de atractivo turístico, en sintonía con la defensa que ambos partidos hacen de estas actividades tradicionales. El compromiso se acompaña de medidas para proteger el entorno y compatibilizar el aprovechamiento del medio natural con la conservación, aunque los detalles concretos deberán plasmarse en normas y planes sectoriales durante la legislatura.

Con este tercer mandato, Alfonso Fernández Mañueco encara una etapa política marcada por una mayoría parlamentaria sólida pero apoyada en un socio exigente, un programa de gobierno muy detallado y una agenda ideológica que eleva la tensión en torno a cuestiones como la inmigración, la igualdad o el modelo de Estado del bienestar. El equilibrio entre la imagen de moderación que el presidente reivindica y la presión de un Vox decidido a exhibir sus conquistas marcará en buena medida el rumbo de Castilla y León en los próximos años.

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