Castilla y León no necesita pedir permiso para emprender

A Castilla y León le han colgado tantas etiquetas que a veces parece que solo puede hablar de sí misma en negativo: despoblación, envejecimiento, falta de relevo, cierres, distancia. Todo cierto. Y, aun así, incompleto.

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Porque cuidado: donde muchos ven un mapa lleno de huecos, otros deberían empezar a ver mercado.

“En Castilla y León sobran diagnósticos sobre lo que falta.

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Lo que falta, muchas veces, es mirar mejor lo que ya tenemos.”

Emprender aquí no va de copiar el modelo de Madrid con menos tráfico y alquileres más baratos. Eso sería jugar a ser otros. Va de otra cosa mucho más interesante: convertir los problemas reales del territorio en empresas útiles, sostenibles y con tecnología detrás.

El informe GEM Castilla y León 2024-2025 sitúa la actividad emprendedora en el 6,5% de la población, frente al 5,3% de 2023 y el 5,2% de 2022. Además, un 9,6% dice que quiere emprender en los próximos tres años. No es para tirar cohetes, pero tampoco para seguir con cara de funeral.

Hay una energía que empieza a moverse. La pregunta es si vamos a acompañarla o a dejarla sola.

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Porque montar una empresa ya no significa abrir la persiana y esperar. Significa vender desde el primer día, entender al cliente, financiar bien, medir, automatizar y aguantar. El INE recordaba en marzo de 2026 que en España crecieron un 35% las sociedades creadas, pero también subieron un 17,9% las disueltas. Traducción rápida: hay ganas, sí; pero no basta con ganas.

Castilla y León tiene una oportunidad preciosa si deja de venderse como territorio barato y empieza a posicionarse como territorio inteligente. Agroalimentación, energía, cuidados, vivienda, comercio local, industria, seguros, finanzas o servicios para mayores no son sectores “de siempre”. Son laboratorios de futuro.

La clave está ahí: menos complejo, más ambición.